El 1 de abril de 1993 era un jueves. En la Clínica de Navarra de Pamplona un ilustre señor enfrentaba sus últimos momentos de vida. En la misma sala de la institución sanitaria regentada por el Opus Dei se daban cita cabezas coronadas y nobles para acompañar en los estertores de la muerte a un hombre que a sus 79 años asumía que el final era igual para reyes y para ciudadanos rasos. Posiblemente en aquel momento habría pensado en el anhelo de toda una vida, en su lucha para ser Rey y en lo diferente que estaba siendo su muerte de la de su padre, que había muerto en el exilio. Don Juan de Borbón, aspirante a Rey que no reinó ni un día en su vida, moría en su España querida con la seguridad de que iba a recibir honores de Rey.
Juan de Borbón, Conde de Barcelona, fue el quinto hijo de Alfonso XIII y María Eugenia de Battenberg y nació en la Granja de San Ildefonso bajo el nombre de Juan Carlos Teresa Silverio Alfonso de Borbón, el 20 de junio de 1913. Aquel día de junio sus padres pasaban unos días de asueto y descaso en el Palacio de esta localidad segoviana. A diferencia de sus hermanos varones, nació sano. Sus hermanos mayores sufrían de hemofilia y de retrasos madurativos y complicaciones en el habla y la capacidad auditiva.
Esta circunstancia genética hizo que, siendo el quinto, recibiera formación como si fuese el heredero, ya que la complicada salud de sus hermanos hacía más que probable que algún día tuviera que asumir la tarea de aspirar al trono de España. Esta circunstancia lo hizo convertirse en el soldado más joven de España cuando con tan solo tres años y medio se alistó en el regimiento de Húsares de Pavía.
Don Juan de Borbón junto a un retrato oficial de su hijo en el año 1990
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De su formación marinera a sus estrafalarios tatuajes
A sus 18 años, en 1931, Juan de Borbón se encontraba en la Escuela Naval de San Fernando formándose como marinero cuando el estallido de la República lo obligó a ir al exilio a Londres con el resto de su familia. Allí con el apoyo de la familia de su madre, los Battenberg, Juanito continuó formándose para ser marine mientras la vida no se detenía. Un par de años después, en 1933, sus hermanos mayores se habían casado ya y la naturaleza de sus enlaces iba a cambiar la vida de Juan de Borbón. Las normas por las que debían regirse los matrimonios reales de los príncipes españoles eran claras: habían de casarse entre iguales. Los dos hermanos de Juan habían hecho de su capa un sayo casándose con mujeres de un rango inadecuado para los estándares de la Casa de Borbón, lo que les avocaba a perder sus derechos dinásticos por contraer matrimonios morganáticos. En 1933 Juan de Borbón se convierte en Príncipe de Asturias y heredero al trono de España, un trono que desde el exilio se ve más lejano que nunca.
Al acabar su formación marinera en la Royal Navy inglesa, el joven Juan se hizo a los mares para vivir en primera persona. Curiosamente de aquellos años en la mar guardó durante toda su vida dos recuerdos. El padre de Juan Carlos I lucía un tatuaje en cada antebrazo, se trataba de dos dragones que ocupaban casi todo el espacio entre el codo y la mano y que representaba a sendos dragones, uno de ellos se lo realizó en India y otro en China. A su vuelta de estos años marineros, don Juan sigue con el plan trazado para cualquier príncipe y busca una mujer con la que contraer matrimonio para asegurar la dinastía. La elegida fue su prima María de las Mercedes de Borbón y Orleáns, quien reunía todas las cualidades para ser digna de ser Reina de España algún día, un anhelo que jamás sería completado. En 1935 la Familia Real española vivía en el exilio repartida entre Lausana, donde vivía Victoria Eugenia ya separada de su insufrible marido y Roma, donde vivían Alfonso XIII y Juan de Borbón. La capital italiana fue la elegida para celebrar la boda de los Príncipes de Asturias.
Juan de Borbón dejando a la vista sus tatuajes en una regata en el año 1980.
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La vida en el exilio y su último gran servicio a España
La vida italiana de los recién casados transcurría con la vista puesta en España y con el testimonio vivo de un Rey Alfonso XIII que se apagaba en un país extraño y viendo cómo, a pesar de haber apoyado al dictador Franco durante su levantamiento, el autócrata no tenía intención alguna de devolverle el trono. En Roma nacieron los primeros hijos, la Infanta Pilar y el heredero, Juan Carlos de Borbón. En Cannes nacería la Infanta Margarita y el pequeño Alfonsito en Roma, como sus hermanos. La familia terminaría mudándose a Estoril (Portugal), donde acabarían recalando en Villa Giralda. Para ese entonces Juan de Borbón ya era el cabeza de familia de la Casa de Borbón, ya que su padre había muerto en Roma en 1941. En los años portugueses los Barcelona, como llamaban en los círculos sociales a Juan de Borbón y María de las Mercedes, Condes de Barcelona, vivieron dos complicados trances.
El primero, ver cómo para asegurar alguna supervivencia del titulo familiar su primogénito se iba a formarse en España, país que algún día aspiraba a reinar. El segundo, la muerte de Alfonsito, el benjamín de la familia, a manos de su hermano mayor Juan Carlos I en un desafortunado accidente con una pistola la semana santa de 1956. Desde aquel momento María de las Mercedes se sumiría en una depresión que palió buscando refugio en el alcohol y don Juan en la obsesión de recuperar el torno usurpado por el dictador. La vida le reservaba el trago de ver a su hijo ser nombrado “heredero a título de Rey” del Dictador Franco y también el de ejercer lo que él siempre consideró su último gran servicio a España, abdicar la corona en su hijo para asegurar la normalidad en la naturaleza de su nombramiento como Rey.
Posiblemente de ese difícil momento se acordaba Juan Carlos I mientras lloraba en el funeral de su padre en San Lorenzo del Escorial. La relación entre ambos se había visto muy afectada por la decisión de Franco de saltarse la línea sucesoria obviando a Juan de Borbón y nombrando a Juan Carlos I Rey de España. Del dictador confesaba en sus diarios personales el padre de Juan Carlos I que era la persona con la que había mantenido "las conversaciones más inútiles de toda mi vida". En su única entrevista en televisión, realizada por la periodista Pilar Trenas en el año 1982, don Juan confesaba que su deseo pendiente habría sido el de “tener una gran escuadra” a su mando. Demostrando así que, por encima de todo, el padre de Juan Carlos I se sintió marinero, ya que Rey no pudo ser.