Puede que si piensas en el optimismo, vengan a ti esas frases que aparecen en las tazas y te invitan a plantarle buena cara al mal tiempo. Ese optimismo tóxico que nos ha hecho creer que con una sonrisa, aunque sea impostada, podemos conseguirlo todos. Sin embargo, los expertos, Cigna HealthCare España, lo definen como “una perspectiva positiva y esperanzada del futuro, de sí mismo y del mundo que lo rodea. Es una parte clave de la resistencia, o resiliencia, la fortaleza interior que le ayuda a atravesar momentos difíciles”. En definitiva, una “propensión a ver y juzgar las cosas en su aspecto más favorable”, que dice la R.A.E.

Una investigación realizada por la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de Harvard, la Facultad de Medicina de la Universidad de Boston (BUSM) y el Centro Nacional para el TEPT del Sistema de Salud de VA Boston, las personas optimistas tienen más probabilidades de alargar significativamente su vida. Los resultados de esta investigación, publicada en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, en la que se estudiaron a más de 60.000 personas, concluyó que los optimistas viven entre un 11% y un 15% más que los pesimistas. Cabe destacar, que las mujeres optimistas tienen un 50% más de probabilidades de alcanzar los 85 años, y los hombres, un 70%. 

Inmaculata de Vivo, experta en epigenética de Harvard, lo explica así: “El optimismo correlaciona la psicología de un individuo con la salud de su cuerpo. Nos ofrece una estrategia más para prevenir enfermedades y trastornos del envejecimiento”, y resume esta prevalencia basándose en tres virtudes:

  • Perseverancia inteligente: Los optimistas priorizan metas clave y optimizan esfuerzos. Mayor compromiso con los objetivos prioritarios y menor con los secundarios.  
  • Regulación emocional: Se recuperan mejor del estrés, gracias a una mayor capacidad para gestionar emociones.  
  • Hábitos saludables: Suelen hacer más ejercicio, fumar menos y mantener dietas equilibradas.  

El optimismo puede protegerte frente a los efectos del estrés

“Dado el trabajo previo que relaciona el optimismo con la longevidad, el envejecimiento saludable y los menores riesgos de enfermedades importantes, parecía un siguiente paso lógico estudiar si el optimismo podría proteger contra los efectos del estrés entre los adultos mayores”, exponía la Dra. Lewina Lee, psicóloga clínica en el Sistema de Salud de Asuntos de Veteranos de Guerra de Boston y profesora asistente de psiquiatría en la Universidad de Boston. Con esta premisa, analizó la información de 233 hombres mayores de 21 años al momento de inscribirse en el Estudio Normativo sobre el Envejecimiento de Veteranos de Guerra de Estados Unidos, entre 1961 y 1970. Las encuestas evaluaron los niveles de optimismo de los hombres entre los años 80 y 90. Mientras que del 2002 al 2010, completaron hasta tres diarios de ocho días que registraban su estado de ánimo y cualquier situación estresante que les sucediera. 

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“Los hombres más optimistas recogieron menos factores estresantes en su día a día, lo que explica en parte sus niveles más bajos de estrés”. Es decir, no es que los optimistas superen las dificultades más rápido, sino que, o bien evitan ciertos conflictos —como discusiones o atascos—, o simplemente no los perciben como amenazas. Aunque el estudio se centró únicamente en hombres, Lee cree que los hallazgos también se podrían aplicar a las mujeres. La experta señala que “una forma de volverse más optimista es desarrollar una conciencia de cómo reaccionamos internamente o juzgamos una situación”.

¿Se puede entrenar el optimismo?

Aunque los niveles de optimismo suelen mantenerse estables durante la vida, Lee insiste en que es posible cultivarlo. "Curiosamente, el optimismo puede ser modificable utilizando técnicas o terapias relativamente simples", y señala que sólo un 25% está determinado genéticamente, mientras que el resto es el resultado de nuestras decisiones, relaciones y entrenamiento. 

La psiquiatra detalla que, aunque la mente suele saltar a evaluaciones negativas automáticas, identificar estos patrones y buscar enfoques alternativos puede cambiar gradualmente nuestra percepción. Aunque advierte que “un pensamiento más optimista no significa ser irracional o ignorar los riesgos, que es un concepto erróneo común. Implica reconocer nuestras fortalezas, ejemplos anteriores de éxito y áreas sobre las que tenemos control, para llegar a una perspectiva más positiva y segur”.

Pero, ¿cómo hacen los optimistas para vivir en una realidad paralela? Para Andrew Steptoe, experto en ciencias del comportamiento de la University College London (UCL) está claro: “Si tiene una disposición optimista, parece bastante plausible que no considere estresantes los sucesos relativamente triviales de su vida”. Es decir, para ellos, un atasco o una llave perdida son simples inconvenientes, no crisis. Esta diferencia de percepción podría ser la clave de por qué tienen menos conflictos interpersonales y, por tanto, menos fuentes de estrés. Pero Steptoe va más allá: “Esto podría estar relacionado con el estilo de vida, aunque el optimismo también tiene correlatos biológicos".

La pregunta se antoja obvia: ¿Son más saludables porque son optimistas, o son optimistas porque están más sanos? Los estudios no resuelven del todo la incógnita, pero Steptoe reconoce la evidencia de que a mayor optimismo, menor riesgo de problemas a largo plazo. Y aunque el estrés cotidiano no define por sí solo la longevidad, cada pequeño conflicto evitado —o reinterpretado— parece sumar a favor de una vida más larga y plena.